Una losa gruesa de ónix blanco se apoya sobre cuatro patas de acero pulido espejo que reflejan el espacio y parecen desvanecerse en él. La piedra se vuelve ingrávida, y su canto translúcido atrapa la luz a lo largo de la mesa.
An 220 × P 90 × Al 75 cm
Una losa gruesa de ónix blanco se apoya sobre cuatro patas de acero pulido espejo que reflejan el espacio y parecen desvanecerse en él. La piedra se vuelve ingrávida, y su canto translúcido atrapa la luz a lo largo de la mesa.
An 220 × P 90 × Al 75 cm